El té verde es una bebida milenaria que se obtiene a partir de las hojas recién recolectadas de la planta Camellia sinensis. A diferencia de otros tés, las hojas del té verde se cocen o se aíslan poco después de la recolección, lo que evita la oxidación y conserva compuestos beneficiosos como las catequinas y la EGCG. Estos antioxidantes pueden ayudar a proteger las células y aportar un efecto suave de energía sin las flatulencias o nerviosismo que a veces provoca el café. Además, el té verde suele contener menos cafeína que otras bebidas, lo que lo convierte en una opción atractiva para quienes buscan una bebida refrescante sin demasiada estimulacion.
Para preparar una buena taza de té verde, hierve agua y déjala templar unos minutos hasta alcanzar aproximadamente 70–80°C, luego añade las hojas o una bolsita y deja infusionar entre 1 y 3 minutos. Evita verter agua hirviendo directamente sobre las hojas, ya que puede amargar y perder aromas. Puedes disfrutarlo solo o con un toque de limón, menta o una pequeña cantidad de miel si buscas dulzor natural. Practicar una preparación adecuada hace que el té verde conserve su sabor fresco y sus posibles beneficios para la salud, sin que se vuelva demasiado fuerte o amargo.